Los días 20 y 21 de septiembre de 2025, el Perú fue escenario de una movilización inédita encabezada por la llamada “Generación Z”. Cerca de más de 5 mil jóvenes se congregaron en la Plaza San Martín y marcharon por el Centro de Lima hasta las inmediaciones del Congreso, en rechazo a la Ley de Pensiones N.° 32123, contra el gobierno de Dina Boluarte y expresando un repudio generalizado hacia un Congreso cada vez más cuestionado.
El silencio mediático
Lo más llamativo de esta jornada no fue únicamente la protesta, sino la decisión de los medios tradicionales de invisibilizarla. Televisoras y diarios de alcance nacional optaron por minimizar la cobertura, reduciéndola a escenas de enfrentamientos y vandalismo, sin mostrar la magnitud real de la convocatoria ni recoger las voces de quienes marchaban.
En contraste, en redes sociales se vivió una verdadera explosión de contenidos. Miles de videos y transmisiones en vivo circularon por TikTok, Instagram, X y Facebook, mostrando columnas masivas de jóvenes, pancartas con mensajes creativos, cánticos contra la corrupción y también la represión policial con gases lacrimógenos y detenciones arbitrarias.
La juventud como su propio medio
Lejos de depender de la prensa corporativa, los propios manifestantes asumieron el rol de reporteros. Con celulares en mano, registraron en primera persona lo que ocurría y lo compartieron al instante. En cuestión de horas, hashtags como #GeneraciónZ, #Marcha20y21 y #MarchaJuvenil se hicieron tendencia, acumulando millones de visualizaciones y superando el alcance de cualquier noticiero de televisión.
Este hecho marca un punto de quiebre: los jóvenes ya no esperan la versión oficial de los medios. Han entendido que la información es poder y que, en un país donde la prensa está concentrada en intereses políticos y económicos, deben narrar su propia historia y construir memoria desde abajo.
La represión y el costo oculto
La Policía Nacional desplegó un fuerte operativo que terminó con heridos —entre ellos periodistas independientes— y decenas de detenidos. Sin embargo, esas denuncias fueron silenciadas o minimizadas por la prensa tradicional. Una vez más, fueron los propios ciudadanos quienes visibilizaron los excesos de la fuerza.
Una lección para el país
La Marcha de la Generación Z demuestra que las nuevas generaciones no solo protestan en las calles, sino también en el terreno digital. El silencio de los medios tradicionales quedó en evidencia frente a la potencia comunicacional de miles de jóvenes que se organizaron, marcharon y difundieron sus propias imágenes.
VISION MACROSUR subraya que esta protesta juvenil no puede ser entendida solo como un hecho político, sino también como un fenómeno comunicacional: si los medios callan, los jóvenes hablarán; si los medios ocultan, los pueblos mostrarán la verdad.
