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LA COLUMNA DE PARA: Los Héroes Olvidados del Alto de la Alianza y la Traición de las Élites

Por mucho tiempo la historia oficial nos habló de generales, de estrategas y de discursos patrióticos, pero poco o casi nada se dijo de aquellos hombres humildes que verdaderamente pusieron el pecho por Tacna en la histórica Batalla del Alto de la Alianza. La llamada “Columna Para” estuvo integrada por agricultores tacneños, hombres del campo que dejaron sus chacras, sus familias y sus escasos recursos para defender la patria cuando el enemigo ya estaba a las puertas de la ciudad heroica.

No eran militares profesionales. No tenían uniformes elegantes ni armamento moderno. Muchos combatieron con azadones, herramientas de trabajo convertidas en armas improvisadas. Mal vestidos, sin botas de guerra, sin alimentación adecuada y prácticamente abandonados por el Estado peruano de aquella época, avanzaron impulsados únicamente por un profundo amor a la tierra que los vio nacer.

Mientras estos hombres humildes marchaban hacia una muerte casi segura, en el corazón de Tacna ocurría otra historia, una historia marcada por el miedo, la indiferencia y el oportunismo. En la entonces calle Comercio, hoy avenida San Martín, comerciantes extranjeros levantaban las banderas de sus países para dejar en claro que no tenían compromiso alguno con la defensa del Perú. El patriotismo desaparecía cuando peligraban los intereses económicos.

El Perú de aquel entonces, como ocurre hoy, estaba fracturado por la corrupción, por políticos incapaces y por una clase dirigente desconectada del sufrimiento popular. Las élites económicas prefirieron escapar antes que defender la nación. Muchos acomodados observaron la tragedia desde la comodidad de sus balcones o huyeron rumbo a Europa, dejando al pueblo abandonado a su suerte.

La fatídica tarde del 26 de mayo de 1880 quedó marcada con sangre en la memoria tacneña. Tras culminar la batalla, las tropas invasoras descendieron hacia la ciudad y se desató una brutal represión contra los sobrevivientes peruanos y la población civil. Los testimonios de la época relatan escenas de violencia, saqueos y humillaciones que todavía estremecen la conciencia histórica de Tacna.

Pero quizá uno de los capítulos más dolorosos fue la existencia de los llamados “mazorqueros”, personajes locales que optaron por colaborar con el enemigo. Mientras Tacna lloraba a sus muertos, algunos organizaron celebraciones y agasajos para las tropas vencedoras en exclusivos salones de la ciudad, entre comida, licor y fiestas, dando la espalda al sufrimiento de su propio pueblo.

La historia muchas veces intenta ocultar estas heridas incómodas, pero recordar a la Columna Para significa reconocer que el Perú fue defendido principalmente por sus hombres más humildes, por aquellos que no tenían riqueza ni poder, pero sí dignidad y amor por la patria. Tacna no puede olvidar a quienes dieron la vida mientras otros negociaban su conciencia.

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