Internacionales

El 2026 viene duro, sin contemplaciones. según «El Economist»

Por más que el calendario avance, el mundo no se reinicia. En las proyecciones de The Economist para 2026 no hay promesas de recuperación fulminante ni augurios de catástrofe. Hay algo más inquietante: continuidad. Un sistema global tensionado, crecimiento bajo control y menos margen para el error. Para América Latina, eso puede ser más desafiante que una crisis abierta.

El nuevo orden global se parece cada vez menos al de las últimas décadas. Las reglas son más difusas, las alianzas más frágiles y la geopolítica dejó de ser un ruido externo para convertirse en una variable económica central. En ese tablero, los países que no tengan una estrategia clara no serán neutrales: quedarán rezagados.

El escenario económico que anticipa The Economist para 2026 confirma una tendencia que ya se siente: no habrá viento de cola. Tasas reales positivas, financiamiento selectivo y mercados más exigentes obligan a administrar la economía con una disciplina que la región no siempre supo sostener. El problema no es crecer poco; el problema es seguir postergando las reformas necesarias esperando que el contexto vuelva a salvarnos.

La tecnología, y en particular la inteligencia artificial, ocupa un lugar protagónico en estas proyecciones. Se la presenta como motor de productividad, pero también como un factor de concentración y riesgo financiero. Para América Latina, el dilema es conocido: subirse tarde y mal, o quedar afuera. Sin inversión en capital humano y reglas estables, la promesa tecnológica se transforma en una nueva fuente de desigualdad.

A esto se suma un límite cada vez más tangible: el climático. Ya no se trata de un debate ideológico, sino de costos económicos concretos. La región, rica en recursos naturales, enfrenta una paradoja inquietante: posee activos estratégicos para la transición energética, pero carece de planificación de largo plazo para aprovecharlos sin agotarlos.

El punto más sensible, sin embargo, es político. Democracias formales conviven con economías frágiles y sociedades impacientes. La estabilidad macro ya no alcanza para construir legitimidad, y la legitimidad política no garantiza responsabilidad fiscal. En este contexto, gobernar se vuelve un ejercicio de equilibrio permanente.

Por eso, 2026 no será un año épico. Será un año exigente. Uno en el que las decisiones incómodas ya no podrán seguir evitándose. El mundo que describe The Economist no castiga por ideología, sino por falta de previsibilidad.

Desde Visión Macrosur, la conclusión es tan simple como incómoda: un mejor siempre será posible, pero no será espontáneo. Requerirá acuerdos, consistencia y una mirada que trascienda el corto plazo. El futuro no está escrito, pero esta vez el margen de error es mucho más estrecho.

Leave a Comment

La plataforma informativa VISION MACROSUR