1 de octubre: Día del Periodista Peruano entre la historia y la vergüenza
El Día del Periodista Peruano, instaurado un 1 de octubre de 1953 durante el régimen del general Manuel A. Odría, recuerda la fundación del Diario de Lima en 1790, considerado el primer periódico del país. Sin embargo, esta fecha lleva consigo una gran contradicción: fue establecida por una dictadura que perseguía y amordazaba a los periodistas que se atrevían a fiscalizar al poder.
No olvidemos que este “homenaje” nació en 1953, en plena dictadura de Manuel A. Odría. Un régimen que persiguió a periodistas incómodos, clausuró imprentas y sometió a los grandes diarios al silencio oficial. En aquel entonces, casi nadie cuestionó al dictador: el miedo y la conveniencia callaron las plumas. Así, el Día del Periodista Peruano nació marcado por la contradicción: una fecha impuesta desde arriba, en un contexto donde la libertad de prensa no existía.
Siete décadas después, la paradoja se mantiene viva. El periodismo en el Perú atraviesa una profunda crisis ética. La mayoría de medios y comunicadores no cumplen con su deber de informar con veracidad e independencia, sino que se han convertido en mercancía. Hoy, gran parte de la prensa no fiscaliza, sino que negocia la información: silencian denuncias, maquillan la realidad y venden titulares al mejor postor, sea un político, un empresario o una autoridad de turno.
El resultado de este periodismo sometido es evidente: la corrupción avanza impune. Porque si los medios de comunicación cumplieran realmente con su labor objetiva y fiscalizadora, muchos actos oscuros nunca hubieran prosperado. La corrupción se alimenta del silencio y la complicidad de una prensa que debería ser la primera línea de defensa de la democracia, pero que, en demasiados casos, se ha convertido en cómplice de los corruptos.
El Perú necesita periodistas que entiendan que su compromiso no es con el poder ni con la publicidad estatal, sino con la gente y con la verdad. Si la prensa actuara con coraje, independencia y ética, la corrupción no tendría espacio para enraizarse. Un periodismo digno no solo informa: previene el abuso, desnuda las mafias y defiende a los ciudadanos.
Hoy, más que una celebración, este 1 de octubre debe ser una jornada de reflexión profunda y autocrítica. Porque el verdadero periodismo no se vende, no calla y no se arrodilla. El verdadero periodismo se hace de pie, con la pluma, la voz y la cámara al servicio del pueblo.
VISION MACROSUR reafirma: mientras haya periodistas que se alquilen al poder, la corrupción seguirá viva. Solo con un periodismo independiente, valiente y objetivo, el Perú podrá aspirar a ser un país con verdadera justicia y democracia.
