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“LA COLUMNA DE PARA: El pueblo que salió a defender la Patria cuando los poderosos se escondieron

En los anales de nuestra historia, hay momentos que deberían ser obligatorios en la memoria colectiva. Uno de ellos ocurrió durante la Guerra del Pacífico, cuando las fuerzas peruanas eran derrotadas en el sur y el enemigo avanzaba con paso firme sobre Tacna. Fue entonces, en medio de la desesperanza y la traición de algunos, que surgió una luz: LA COLUMNA DE PARA.

La Columna de Para no fue un ejército oficial. No nació en los cuarteles, ni fue ordenada por generales encorvados sobre mapas. Fue el pueblo mismo quien se organizó, con las manos curtidas por el arado y el rostro endurecido por el sol de los campos. Agricultores de Para, Tacnay alrededores, sin instrucción militar ni equipamiento, dejaron sus hogares, sus tierras, sus familias… y tomaron las armas para defender la patria.

Mientras ellos avanzaban al combate con fusiles viejos y hasta herramientas de labranza, muchos de los sectores más acomodados de la ciudad optaron por la neutralidad, el silencio o incluso la colaboración con el enemigo. Algunos escondieron sus ideales detrás de gruesas paredes de adobe, protegidos por sus apellidos ilustres y sus riquezas acumuladas. Se negaron a defender al Perú, pensando que la guerra era asunto de otros.

Y entonces, ¿quién defendió la patria?

La defendieron los pobres. La defendieron los que no tenían nada que perder, salvo su honor. Fueron ellos los que salieron por las polvorientas calles del sur, empujados no por órdenes, sino por la conciencia. Porque sabían que, si no lo hacían ellos, nadie más lo haría.

La historia oficial, escrita muchas veces por manos acomodadas, ha tratado de minimizar este gesto. Pero desde esta humilde trinchera radial, desde este micrófono que amplifica la voz de los olvidados, decimos con fuerza: la verdadera defensa del Perú no nació en los salones elegantes, sino en los campos y en las alturas.

La Columna Para fue un acto de dignidad popular. Un grito de resistencia. Un símbolo de que el patriotismo no depende de la educación, ni del dinero, ni del linaje. Depende del corazón.

Y hoy, cuando vemos que los mismos poderosos siguen apropiándose del país, robando su futuro y manipulando su historia, nos toca a nosotros —los hijos de ese pueblo valiente— alzar nuevamente la voz.

Porque el Perú no se construyó en los clubes sociales ni en las actas de directorio. Se construyó con la sangre de los campesinos, con la lucha de los pueblos y con el sacrificio de quienes no aparecen en los libros, pero viven en el alma de la patria.

Honor eterno a la Columna Para. Gloria a los que cayeron sin nombre, pero con la bandera en el pecho. Y vergüenza para quienes miraron hacia otro lado mientras otros morían por ellos.

Desde Tacna, desde la historia, desde el pueblo… habla Radio del Sur.

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