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Vacaron a Jerí… pero el problema sigue sentado en el Congreso

La salida de José Jerí de la Presidencia no es el fin de una crisis. Es apenas otro episodio del deterioro político que el propio Congreso alimenta y reproduce.

Cuatro meses bastaron para que el Parlamento activara la vacancia por incapacidad moral permanente. Rápido, sin contemplaciones, sin mayor margen político. ¿Había razones? Probablemente sí. ¿Hubo cálculo político? También. Y en el Perú actual, ambas cosas casi siempre van juntas.

Lo que indigna no es solo la caída de un presidente. Lo que indigna es el cinismo del sistema.

El Congreso como juez… y parte interesada

El mismo Congreso que destituye es el que luego permite que el vacado vuelva a su curul. El mismo poder que acusa se convierte en refugio político. Legal, sí. Ético, discutible. Legítimo ante la ciudadanía, cada vez menos.

La figura de la “incapacidad moral” se ha convertido en un arma multiuso. No es un mecanismo excepcional; es una herramienta de presión. Hoy se activa contra el Ejecutivo. Mañana puede ser moneda de negociación.

Y mientras tanto, el país observa cómo la política gira sobre sí misma.

Cuatro meses y nada cambió

Jerí cayó en medio de cuestionamientos que erosionaron su ya frágil legitimidad. Pero no fue elegido por voto directo. Llegó en medio de un entramado parlamentario. Su debilidad estaba escrita desde el inicio.

El verdadero problema no es que haya sido vacado. El problema es que el sistema produce presidentes débiles y congresos fuertes, pero sin responsabilidad política real ante la ciudadanía.

Si todo se resuelve en el hemiciclo, ¿dónde queda el voto popular?

El sur mira con escepticismo

En las regiones —especialmente en el sur— la escena es conocida: Lima decide, Lima se pelea, Lima destituye. Y las regiones siguen esperando obras, inversión, seguridad y empleo.

Cada crisis paraliza decisiones. Cada vacancia retrasa presupuestos. Cada ajuste político frena la ejecución regional.

Pero ningún congresista pierde su escaño por eso.

La normalización del caos

Lo más preocupante es que la vacancia ya no escandaliza. Se ha vuelto rutina. Presidentes que duran meses. Gabinetes que no completan el año. Un Estado que sobrevive, pero no avanza.

¿Se castigó a Jerí? Tal vez.
¿Se corrigió el problema estructural? En absoluto.

Mientras la vacancia siga siendo un instrumento político ambiguo, el país seguirá atrapado en una guerra de poderes donde nadie asume costos reales y la ciudadanía paga la factura.

El retorno incómodo

Si Jerí vuelve al Congreso, el mensaje será devastador: se puede caer de la Presidencia y seguir legislando como si nada. La política como circuito cerrado. Sin sanción social efectiva. Sin responsabilidad colectiva.

La pregunta ya no es si Jerí debía quedarse o irse.
La pregunta es cuándo el sistema político dejará de protegerse a sí mismo.

Porque vacar es fácil. Reformar es lo difícil.
Y hasta ahora, nadie parece dispuesto a hacerlo.

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