La obra hídrica más esperada de Ilabaya costó casi el triple del presupuesto inicial. Hoy se celebra su inauguración, pero nadie da explicaciones claras.
Tacna, 4 de junio de 2025.
En medio de aplausos, cintas cortadas y discursos llenos de promesas, las autoridades locales y regionales inauguran hoy la represa de Coltani, una infraestructura hidráulica que promete transformar el agro del distrito de Ilabaya. Pero detrás del acto oficial, hay cifras que no cuadran, y una pregunta que muchos se hacen: ¿por qué una obra que fue presupuestada inicialmente en 75 millones de soles terminó costando más de 210 millones?
La historia de Coltani es un ejemplo perfecto de cómo una buena idea puede ser secuestrada por la burocracia, la mala gestión y la falta de transparencia.
Los números no mienten
En el año 2012, el proyecto fue declarado viable. En 2013, se realizó un primer desembolso de S/ 19,194,101, como parte de un presupuesto aprobado de S/ 75,821,391. En ese entonces, se prometió que la obra estaría lista en pocos años y que beneficiaría directamente a las comunidades de Borogueña, Vilalaca, Coraguaya y Carumbraya.
Pero 12 años después, el panorama es otro: la obra se ha triplicado en costos, alcanzando los S/ 209,902,000 y recién hoy se pone en funcionamiento. Ni la Contraloría General de la República, ni el Ministerio de Economía y Finanzas, ni la propia Municipalidad de Ilabaya han ofrecido una explicación técnica detallada sobre este escandaloso sobrecosto.
Jurisdicción en disputa y primeras sombras
Un elemento que empañó el inicio del proyecto fue el conflicto de jurisdicción: la represa fue construida en terrenos que pertenecen al distrito de Camilaca (Candarave), no a Ilabaya. Este hecho generó tensiones entre autoridades y sirvió como base para una denuncia por malversación de fondos públicos contra el exalcalde de Ilabaya, Demesio Llaca, quien fue acusado de usar recursos municipales fuera de su competencia territorial.
A pesar de estas denuncias y las observaciones planteadas por líderes comunales y organizaciones de base, el proyecto continuó avanzando con un manto de opacidad.
¿Qué se construyó con más de 200 millones?
Según información oficial, la represa tiene una capacidad de 3 millones de metros cúbicos de almacenamiento de agua, además de seis bocatomas, canales y una línea de conducción de 6.5 km. Se trata, sin duda, de una infraestructura importante, pero las dudas persisten: ¿justifica esta infraestructura un presupuesto tres veces mayor al proyectado? ¿Hubo una verdadera supervisión técnica y financiera?
La obra ha sido declarada parte del Plan de Gestión de Recursos Hídricos de la cuenca Caplina-Locumba, lo que en teoría debería haber garantizado una ejecución ordenada y transparente. Sin embargo, los documentos técnicos detallados, las auditorías y los informes de costos reales brillan por su ausencia en los portales de transparencia.
Silencio institucional y memoria corta
Hoy, ninguna de las autoridades presentes en la inauguración mencionó el tema de los sobrecostos. Prefirieron enfocarse en los beneficios futuros y en señalar la “promesa cumplida”. Pero lo cierto es que Coltani ha tardado más de una década en ejecutarse y ha costado el triple de lo que se prometió al inicio, sin que nadie asuma responsabilidades políticas ni administrativas.
Este caso debería abrir el debate sobre la necesidad urgente de fiscalizar las obras públicas desde su formulación hasta su entrega, y no solo celebrar cuando se cortan cintas. La historia de Coltani no puede repetirse.
Porque el agua puede ser vida, pero la corrupción y la indiferencia también pueden ser veneno para el desarrollo de nuestros pueblos.
