La demagogia académica se impone en el Congreso mientras Tacna sigue esperando verdaderas soluciones a sus problemas estructurales.
Mientras miles de jóvenes tacneños enfrentan dificultades para acceder a una educación superior de calidad y con oportunidades reales de empleo, los congresistas que representan a la región parecen vivir en una realidad paralela. En lugar de impulsar políticas educativas con visión de futuro, insisten en presentar y apoyar proyectos de ley para la creación de nuevas universidades públicas en Tacna sin estudios técnicos, diagnósticos de demanda educativa ni viabilidad económica.
Lo que debería ser una apuesta seria por el desarrollo profesional y productivo de la juventud tacneña, se ha convertido en una peligrosa estrategia de populismo parlamentario. Estos proyectos, lejos de responder a un análisis riguroso de las necesidades locales, parecen diseñados con un solo objetivo: ganar aplausos fáciles y réditos políticos a corto plazo.
Los expertos en educación advierten que la proliferación de universidades sin planificación solo contribuye a crear instituciones débiles, con escasa calidad académica, limitada infraestructura y sin capacidad para insertarse en el mercado laboral. ¿Qué sentido tiene abrir nuevas universidades si las ya existentes no cuentan con los recursos necesarios para ofrecer una formación de excelencia?
Actualmente, la Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann atraviesa limitaciones presupuestarias, deficiencias en infraestructura y falta de acreditación internacional. Las universidades privadas, por su parte, luchan por mantenerse en estándares mínimos de calidad. Pero en lugar de fortalecer lo que ya existe, nuestros representantes en el Congreso pretenden “crear” nuevas casas de estudio que, en la práctica, podrían convertirse en elefantes blancos financiados con recursos públicos.
Tacna no necesita más nombres en letreros ni más inauguraciones simbólicas. Necesita fortalecer sus instituciones actuales, invertir en investigación, becas, laboratorios, convenios internacionales y carreras técnicas vinculadas a su realidad productiva. Sin embargo, nuestros congresistas prefieren el espectáculo al trabajo de fondo. Las propuestas carecen de respaldo del Ministerio de Educación y de la SUNEDU, lo que las vuelve más un show político que un aporte serio al desarrollo regional.
Una de las iniciativas más recientes ha propuesto la creación de una universidad especializada en temas agrarios en un distrito donde ni siquiera existe un centro preuniversitario con condiciones mínimas. Otra plantea una universidad tecnológica sin considerar que el nivel escolar en matemáticas y ciencias sigue siendo deficiente en gran parte de la región.
El problema de fondo es el uso irresponsable del poder legislativo. Se legisla sin datos, sin escuchar a los especialistas, sin consultar a las autoridades educativas ni a los gremios estudiantiles. Se legisla con la mirada puesta en las próximas elecciones y no en las próximas generaciones.
La pregunta que queda en el aire es: ¿a quién le sirven realmente estas universidades fantasmas? ¿A los jóvenes tacneños o a los intereses políticos de turno?
Los ciudadanos deben estar alertas y exigir rendición de cuentas. No se puede seguir permitiendo que el nombre de Tacna se utilice para justificar propuestas vacías. Se necesita una verdadera reforma educativa regional, participativa, técnica y transparente. Porque no se trata de cuántas universidades se crean, sino de cuántos jóvenes se gradúan preparados para transformar su región.
Tacna merece políticas educativas serias, coherentes y sostenibles. No más simulacros de progreso disfrazados de leyes inútiles. El desarrollo no se decreta, se construye con responsabilidad y visión.
